la arqueologia






La arqueología es la ciencia  que estudia las sociedades antiguas a partir de sus restos materiales.
análisis de los objetos y aquellas obras construidas por los pueblos antiguos, esta ciencia puede arribar a conclusiones en torno a su cultura y sus formas de vida.Las personas que se dedican a estudiar el pasado enmarcados en esta ciencia se conocen como arqueólogos. Su trabajo consiste en reconstruir la vida de poblaciones antiguas a partir de las manifestaciones materiales que han dejado. Gracias a diversas técnicas desarrolladas a lo largo del tiempo, los arqueólogos pueden “leer” los objetos y conocer a través de ellos diversos aspectos del comportamiento humano en el pasado.Aunque la arqueología tradicional se centra en la Prehistoria y en la Era Antigua, en las últimas décadas se ha aplicado la técnica arqueológica a períodos más recientes, como la Edad Media y la Edad Moderna. 
Las ramas más importantes de la arqueología son: Etnoarqueología, Arqueología cognitiva, Arqueología, arqueologia del paisaje, Arquemetria y arqueologia. 


 La excavacion arqueologica : es una actividad que debe realizarse con mucha delicadeza  dado que sólo puede realizarse una vez en cada espacio geográfico. Cada excavación de este tipo debe ser autorizada y abalada por una institución competente.






Estudio de ADN revela cuál es la civilización más antigua del mundo

Un nuevo estudio genético ha revelado que los aborígenes australianos son la civilización más antigua conocida en la Tierra, con una ascendencia que se remonta a unos 75.000 años.


En un estudio publicado en la revista Nature este miércoles, un grupo de investigadores internacionales -incluyendo nueve líderes aborígenes- recolectó datos genéticos en 83 aborígenes australianos y 25 personas de Papúa Nueva Guinea.

Los resultados indicaron que sus antepasados ​​habían divergido de los euroasiáticos hace 57.000 años, después de un éxodo desde África hace unos 75.000 años.

La información mostró que los los aborígenes australianos llegaron al continente hace 31.000 años.

"La importancia de este estudio para mí es tener alguna prueba de cuánto tiempo hemos estado los aborígenes en Australia", le dijo a CNN Colleen Wall, una anciana aborigen y la Mujer Mayor de la Nación Kau'bvai Dauwa.


Ahora vamos haber . Los próximos retos de la arqueología


La genética y la arqueología son dos valiosos instrumentos que nos permiten trazar el origen de la humanidad, la evolución de algunas civilizaciones y sus desplazamientos. O sea, que intentan afrontar los grandes retos de nuestro pasado. Y eso que queda aún mucho por descubrir, por excavar y por investigar.
De las antiguas culturas mesoamericanas se dice que tan solo se ha excavado el 10%. Se habla de que el 80% de los monumentos que un día se alzaron a las orillas del río Nilo están aún por desenterrar, devorados por el desierto o diseminados en estratégicos escondites. No hay trimestre que no nos desayunemos con algún nuevo hallazgo, sea una momia tolemaica, una pequeña pirámide (y eso que ya tiene 114 catalogadas), un sarcófago, una estatua o una cámara secreta que está pendiente de abrir. Y qué decir del fastuoso laberinto de Hawara, descrito por Estrabón y Heródoto, situado en el lago Moeris, cercano al oasis de El-Fayum, que contendría las tumbas de los doce primeros reyes de la primera dinastía. Encontrar una sola de esas 12 tumbas sería un salto a la fama para cualquier arqueólogo. O localizar, por fin, la de Cleopatra o la del arquitecto Imhotep, un personaje que fue visir del faraón Zoser (III Dinastía), gran sacerdote de Heliópolis y astrónomo. Vivió hace más de cuatro mil quinientos años y, por sus conocimientos, fue elevado a la categoría de dios de la medicina. De encontrarse algún día su tumba, dicen las leyendas que en su interior hallaríamos un libro secreto de papiro gracias al cual Imhotep pudo adquirir su sabiduría.


Maldicion de los faraones 

El egiptólogo inglés Howard Carter llevaba más de quince años trabajando en prospecciones arqueológicas en Egipto, pero lo motivaba una vieja obsesión. Encontrar la tumba de un desconocido faraón de la dinastía XVIII, de quien tenía sólo una referencia: un anillo en el que leyó por primera vez su nombre: Tut-Ankh-Amun, que traducido equivale a “más que nunca está vivo Amon”.

Financiado por un mecenas llamado Lord Carnarvon, Carter se abocó a la búsqueda de la tumba de este faraón en el lugar conocido como el Valle de los Reyes. El 4 de noviembre de 1922 sus trabajadores descubrieron los escalones que descendían hasta una puerta de una tumba, que aún mantenía los sellos originales. El 26 de noviembre, en presencia de la familia de Lord Carnarvon, se hizo el famoso agujero en la parte superior de la puerta de la tumba, que había permanecido oculta durante más de tres mil años. Carter introdujo una vela y vio, según sus palabras, “cosas maravillosas”. Después de catalogar todos los tesoros de las cámaras anteriores, Carter llegó a la cámara real donde descansaba el sarcófago del joven faraón (su momia correspondía a una persona muy joven y de rasgos delicados).

Comienza la maldicion 

La noche del 4 de abril de 1923, Lord Carnarvon, quien había financiado la excavación y estuvo presente el día en que se abrió la tumba, falleció a causa de una neumonía fulminante, detonada por una septicemia ocasionada por la picadura de un mosquito. Se cuenta que a la misma hora de su muerte en el Cairo hubo un gran apagón que dejó a oscuras la ciudad y, en Inglaterra, su perro aulló misteriosamente para luego caer fulminado en su casa en Hampshire. Para abonar el terreno a las coincidencias, al proceder a la autopsia de la momia se encontró que justo donde el mosquito había picado a Lord Carnarvon, Tutankamón tenía una herida.

A la muerte de Lord Carnarvon siguieron otras. En septiembre su hermano Aubrey Herbert, que estuvo presente en la apertura de la cámara real, murió inexplicablemente en cuanto volvió a Londres. Arthur Mace, el hombre que dio el último golpe al muro para entrar en la cámara real, murió en El Cairo poco después, sin ninguna explicación médica. Sir Douglas Reid, que radiografió la momia de Tutankamón, enfermó y volvió a Suiza donde murió dos meses después. La secretaria de Carter murió de un ataque al corazón, y su padre se suicidó al enterarse de la noticia. Un profesor canadiense que estudió la tumba con Carter murió de un ataque cerebral al volver a El Cairo. George Jay Gould, amigo de Carnarvon, se trasladó a Egipto, después de la muerte de su amigo, para ver el lugar con sus propios ojos. Murió de neumonía después de resfriarse tras visitar la tumba. Richard Bethell, que había ayudado a Carter a clasificar el tesoro, murió a los 49 años de edad, al parecer suicidado. Meses después, su padre, lord Westbury, se quitó la vida en Londres, al arrojarse por la ventana de su habitación. En su dormitorio tenía un jarrón de alabastro procedente del sepulcro de Tutankamón.

Para 1929, unas 16 personas relacionadas con Carnarvon o Carter fallecieron y de inmediato la prensa sensacionalista comenzó a hablar sobre la maldición de Tutankamón.

La novelista gótica Marie Corelli aderezó más la historia, afirmando poseer un primitivo texto árabe que mencionaba las maldiciones que seguirían a la apertura de la tumba. El escritor Arthur Conan Doyle, el creador del detective Sherlock Holmes, le echó más leña al fuego al declararse abiertamente creyente en la maldición.

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